La muerte de Laura fue casi inmediatamente catalogada como
un suicidio, una joven que por problemas familiares o académicos decidía
quitarse la vida sonaba muy razonable y hasta cierto punto incluso yo considere
esta posibilidad como verdadera, pero tenía muchas dudas al respecto, había
inconsistencias que hacían del suicidio una teoría insustentable, por supuesto
desde mi punto de vista, el mejor amigo de Laura. La conocía hacia 3 años desde
nuestro ingreso a la universidad y sabía que sus notas eran ejemplares, una
alumna que resaltaba siempre en todas las materias, tenía muchos amigos y
acostumbraba salir los viernes con ellos, su familia de una remota zona al Este
del país la apoyaba a plenitud y respaldaban sus decisiones, ella como buena ingeniera
en formación era meticulosa en cada una de sus acciones, a veces me divertía
diciéndole “la chica robot” no dejaba casi nada al azar, una persona realmente
admirable.
¿Acaso suena al perfil de un suicida?...
¿Acaso suena al perfil de un suicida?...
Yo tengo una teoría de los motivos de su deceso que hasta
ahora no me había atrevido a revelar, en parte por el profundo dolor que me
acallo desde que me entere que ya nunca más podría verla, jamás se está
preparado para perder a un ser querido, y por otro lado solo quiero que la
historia no se repita, la atmosfera oscura casi demoníaca que rodea lo
acontecido es tal que tuve que pasar un semestre lejos de la universidad
asistiendo únicamente a mis rutinarias citas con el psicólogo para reponerme
mentalmente.
(Por seguridad me referiré al lugar donde todo pasó como “el
edificio de los árboles de cristal”, solo puedo decir que es una de las
edificaciones más antiguas de la Universidad Nacional)
La primera vez que Laura contesto su mensaje fue el jueves 17 de marzo del año 2011 según los cálculos que logro hacer, fue también la primera vez que entramos al edificio de los árboles de cristal, Laura necesitaba un baño con urgencia y yo me disponía a acompañarla, a paso acelerado esquivábamos personas y buscábamos alguna señal en las paredes y sobre cada puerta, subimos dos escaleras y bajamos una para al final encontrar el servicio, yo hablaba de temas banales para tratar de distraer su atención, ella solo respondía con monosílabos.
La primera vez que Laura contesto su mensaje fue el jueves 17 de marzo del año 2011 según los cálculos que logro hacer, fue también la primera vez que entramos al edificio de los árboles de cristal, Laura necesitaba un baño con urgencia y yo me disponía a acompañarla, a paso acelerado esquivábamos personas y buscábamos alguna señal en las paredes y sobre cada puerta, subimos dos escaleras y bajamos una para al final encontrar el servicio, yo hablaba de temas banales para tratar de distraer su atención, ella solo respondía con monosílabos.
El pasillo que nos
condujo a los baños estaba particularmente solo, nadie además de nosotros
cruzaba por allí, Laura a pasos agigantados entro al sanitario y mientras lo hacía,
salía una mujer cabizbaja, tensa y con una preocupación que se reflejaba en su rostro,
yo la mire un momento y su paso se hizo tan sutil que desapareció de mi vista
en una de las tantas esquinas y recovecos de la excepcional arquitectura.
Observe las paredes blancas por unos diez minutos sin percatarme aun de lo mucho que demoraba mi amiga, siempre he sido un hombre paciente y entiendo lo mucho que pueden llegar a hacer las mujeres cuando disponen del tiempo de alguien más, repase los muros de arriba abajo y note que no había ventanas, eso hacia el pasillo inusualmente oscuro, el aire frio que se respiraba le adicionaba un toque tétrico, daba la sensación de estar en un hospital, finalmente Laura salió de los baños sonriendo radiante como siempre, sosteniendo lo que parecía un marcador entre sus manos, me miro, parpadeo rápido en un gesto que no entendí y dijo:
Observe las paredes blancas por unos diez minutos sin percatarme aun de lo mucho que demoraba mi amiga, siempre he sido un hombre paciente y entiendo lo mucho que pueden llegar a hacer las mujeres cuando disponen del tiempo de alguien más, repase los muros de arriba abajo y note que no había ventanas, eso hacia el pasillo inusualmente oscuro, el aire frio que se respiraba le adicionaba un toque tétrico, daba la sensación de estar en un hospital, finalmente Laura salió de los baños sonriendo radiante como siempre, sosteniendo lo que parecía un marcador entre sus manos, me miro, parpadeo rápido en un gesto que no entendí y dijo:
-perdón por la demora,
vamos te invito a tomar algo para compensar.
-no te preocupes- conteste
en tono compasivo.
Los dos reímos y salimos a continuar con el día extenuante al que estábamos acostumbrados.
Los dos reímos y salimos a continuar con el día extenuante al que estábamos acostumbrados.
Sin embargo aquella visita esporádica al edificio de los
árboles de cristal tuvo un efecto que de momento no logre comprender en Laura,
al principio me pedía que la acompañara allí como mínimo una vez por semana,
pero me entere que pasados unos meses entraba todos los días a este mismo lugar,
su comportamiento era diferente, ya no pasaba conmigo el tiempo que
acostumbraba, la explicación que me vino a la mente fue que algo que yo había
hecho le había desagradado a tal punto que ya no le interesaba mi amistad,
pensé que incluso podía ser algún cambio hormonal o tal vez algo un poco más
aterrizado como que estaba saliendo con alguien y se veían a diario en el
edificio ya mencionado. En medio de lo que yo pensaba era una preocupación
infantil la seguí sin que ella notara mi presencia un par de días para darle
fundamentos a mi intranquilidad, finalmente me arme del valor suficiente y me
senté a esperarla en la única salida que tenía el edificio dispuesto a
encararla, para sorpresa mía el lapso de tiempo en el que entro y salió fue de
1 hora y 42 minutos, yo estaba aterrado aunque no tenía la certeza de que todo
el tiempo lo hubiese pasado en el sanitario, camine hacia ella quien solo pudo
reconocerme cuando obstaculice su camino, se sobresaltó y evito mi mirada,
sorprendida casi apenada me esquivo y torpemente continuo caminando, yo me
quede paralizado, era un hecho había perdido a mi amiga. Pase varias horas
repasando lo sucedido y volvía siempre al rostro de Laura, era oscuro tenía
unas ojeras muy marcadas su cabello parecía revuelto, algo andaba terriblemente
mal.
La última vez que hable con ella antes de que encontraran su
cuerpo inerte, me conto algo que hasta ahora me atrevo a revelar.
Laura caminaba sola por la plaza che cuando la aborde, me
miro de una manera que jamás podré olvidar y echó a llorar abrazándome con
mucha fuerza, yo la rodee con mis brazos y le dije que todo estaría bien,
caminamos un poco, seco las lágrimas de su rostro y una vez sentados en el
pasto húmedo empezó a hablar.
-no sé si deba
contarte, es muy peligroso.
-Cálmate Laura, tú
sabes que soy tu amigo incondicional- Intervine
tratando sonar tranquilizador.
-tú no sabes a lo que
me estoy enfrentando… -contuvo el llanto y continuo- mira, no sé por dónde empezar, es muy difícil explicarlo.
-Calma, tomate tú tiempo, estoy aquí solo para escucharte.
-Calma, tomate tú tiempo, estoy aquí solo para escucharte.
-Muchas gracias, eres
un verdadero amigo- ahora parecía
más calmada.
-he estado conversando
con alguien en uno de los baños del edificio de los árboles de cristal,
¿recuerdas que hace unos meses entre por primera vez en busca de un sanitario?-
se detuvo a esperar mi respuesta, yo asentí con la cabeza,- pues una vez en el pequeño cubículo note
que en la puerta había escrito un “hola”, no había ninguna nota amenazadora,
ninguna propaganda política como es normal, solo un “hola” firmado con una “R”,
me pareció tan curioso y aún más cuando note que la tinta estaba fresca y
decidí seguir con el juego, debajo puse un “hola” firmado con una “L”, el resto
de la semana me olvide del asunto pero la siguiente lo recordé y quise saber si
la conversación continuaba, esta vez en la misma puerta había escrito un “¿Cómo
estás? “Y la firma era la misma “R”, pero lo que nos habíamos escrito
previamente había sido borrado, con quien charlaba se tomaba muy enserio eso de
rayar las superficies, era una persona muy decidida en hablar conmigo, la tinta
siempre estaba fresca, un detalle un poco perturbador, tanto así que siempre me
aseguraba de estar sola antes de comenzar a escribir. En un principio me movía
únicamente la curiosidad, quería descifrar con qué tipo de persona hablaba, y
la conversación no salía de lo convencional, pero poco a poco las palabras que
cruzábamos me cargaban de intriga, “R” parecía saber mucho de mí, comencé a
horrorizarme cuando empezó a hablar de mi vida privada acertando con cada
detalle, a veces decía que me veía hermosa mientras dormía, el color de las
sabanas y la apariencia de mi habitación, ¡TODO!, me observa día y noche sin
descanso, últimamente empieza a perder el sentido lo que escribe, no para de
repetir que debo estar dentro de él y que tengo que silenciar mis pasos, no sé qué significa y ya
no lo quiero saber, hoy casi me desmayo con lo que sucedió, entre al baño de
siempre y no había nada escrito en la puerta, inmediatamente Salí y cuando mire
el espejo grande pegado a la pared había escrito con letras rojas “MUERE -R-“ sabía lo ridículo que parecía así que le
tome una foto- Laura saco el celular de su maleta y me lo paso temblando,
rápidamente y con cierto escepticismo trate de ver lo que ella menciono, pero
por más que forcé mi vista no note nada inusual en la imagen, le devolví el
celular y dije:
-¿Estas segura que tomaste la foto en el lugar indicado?
Instantáneamente Laura miro la imagen, hizo una mueca de pánico y subiendo el tono reclamo:
-¡¿COMO QUE NO LA VES?! Dice muere, justo en el espejo- Quedo sin aliento y se levantó indignada.
-Perdón Laura, seguramente estas muy estresada por estos días, que te parece si vas a tu casa y descansas un poco- No alcance a abrazarla cuando ya furiosa me daba la espalda y corría a la salida.
-¿Estas segura que tomaste la foto en el lugar indicado?
Instantáneamente Laura miro la imagen, hizo una mueca de pánico y subiendo el tono reclamo:
-¡¿COMO QUE NO LA VES?! Dice muere, justo en el espejo- Quedo sin aliento y se levantó indignada.
-Perdón Laura, seguramente estas muy estresada por estos días, que te parece si vas a tu casa y descansas un poco- No alcance a abrazarla cuando ya furiosa me daba la espalda y corría a la salida.
No quise seguirla, pensé que se dirigía a su casa y el fin
de semana la haría sentir mejor, pero a Laura solo le esperaba el descanso
eterno, el domingo encontrarían su cadáver. Antes de enterarme queme muchas
horas de mi tiempo investigando lo que podría estarle sucediendo, algún
trastorno patológico generado por el estrés, ¿acaso era solo una broma?, pensé
en muchas posibilidades y nada me convenció del todo.
El lunes cuando me entere de su óbito entre en una depresión profunda, no pude evitar sentirme un poco culpable, pero su historia seguía sonando a fantasía generada por el cansancio, la foto que me enseño, donde ella creía ver palabras, me dejo claro que su mente estaba inestable, el resto de la semana estuve muy triste, a veces lloraba al recordar las últimas palabras que intercambiamos, esa última conversación, el peor momento de mi mejor amiga, una paranoia causada por una supuesta charla a través de mensajes escritos en una puerta…
La puerta, la persona que firmaba como “R”, los baños, el viejo edificio de los árboles de cristal, Laura muerta, todo daba vueltas en mi cabeza, en medio del estado de ánimo en el que estaba sumido camine hacia el edificio de los árboles de cristal solo para recordar, entré y recorrí cada pasillo lentamente pensando en los detalles y finalmente me detuve frente a la puerta de los baños de mujeres, se me escaparon unas lágrimas y dejando el pudor de lado me dirigí directo al cubículo que Laura frecuentaba, la luz parpadeante de la lúgubre habitación se apagó por un breve lapso de tiempo y al encenderse nuevamente encontré en la puerta con una tinta roja, densa y fresca un “HOLA” firmado por “L y R”…
El lunes cuando me entere de su óbito entre en una depresión profunda, no pude evitar sentirme un poco culpable, pero su historia seguía sonando a fantasía generada por el cansancio, la foto que me enseño, donde ella creía ver palabras, me dejo claro que su mente estaba inestable, el resto de la semana estuve muy triste, a veces lloraba al recordar las últimas palabras que intercambiamos, esa última conversación, el peor momento de mi mejor amiga, una paranoia causada por una supuesta charla a través de mensajes escritos en una puerta…
La puerta, la persona que firmaba como “R”, los baños, el viejo edificio de los árboles de cristal, Laura muerta, todo daba vueltas en mi cabeza, en medio del estado de ánimo en el que estaba sumido camine hacia el edificio de los árboles de cristal solo para recordar, entré y recorrí cada pasillo lentamente pensando en los detalles y finalmente me detuve frente a la puerta de los baños de mujeres, se me escaparon unas lágrimas y dejando el pudor de lado me dirigí directo al cubículo que Laura frecuentaba, la luz parpadeante de la lúgubre habitación se apagó por un breve lapso de tiempo y al encenderse nuevamente encontré en la puerta con una tinta roja, densa y fresca un “HOLA” firmado por “L y R”…
Q.E.P.D Laura Estupiñan